jueves, 1 de septiembre de 2011

No de aquel modo.


De algo estoy seguro. No podra quererla como la queria yo, no podra adorarla en ese modo, no sabra advertir hasta el menor de sus dulces movimientos, de aquellos gestos imperceptibles de su cara. Es como si solo a el le hubiera sido concedida la facultad de ver, de conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos. Ningun hombre podrá ver nunca lo que yo he visto. Y el menos que ninguno. El, real, cruel, inutil, material. Se lo representa asi, incapaz de amarla, deseando solo su cuerpo, incapaz de verla verdaderamente, de entenderla, de respetarla. El no se divertira con esos tiernos caprichos. El no amara incluso su mano pequena, sus unas comidas, sus pies ligeramente regordetes, aquel diminuto lunar escondido, aunque no tanto, a fin de cuentas. Puede que lo vea, si, que terrible sufrimiento, pero nunca sera capaz de amarlo. No de aquel modo.
MOCCIA, FEDERICO. Tres metros sobre el cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario